Y en el fin del mundo, fue cuando los hombres descubrieron que no había cielo, ni infierno, y que nunca jamás supieron vivir.
Ellos eran los muertos en vida: la humanidad entera.
Y en el fin del mundo, fue cuando los hombres descubrieron que no había cielo, ni infierno, y que nunca jamás supieron vivir.
Ellos eran los muertos en vida: la humanidad entera.
No dejes que la luz del sol te alcance. Es en las sombras donde encuentras sustento. Es la oscuridad la que alimenta tu espíritu. Ahí es donde toma fuerza, y donde la luz del sol se vuelve más reconfortante, más clara, y más resplandeciente.
Y ahí es cuando la luz del sol no sólo te alcanza, sino también te llena de gozo.
Porque a Gandhi lo mataron. Porque a Lennon lo mataron. Porque a Martin Luther King lo mataron. Porque todos los días mueren fotógrafos y periodistas que retratan los monstruos del sistema. Porque ser idealista es una sentencia de muerte: querer un mundo mejor es pecado, es inimaginable. Es algo que se debe perseguir, se debe frenar para proteger los intereses del poder. Porque los poderosos tienen miedo, y deciden liquidar a los individuos. Y si no es por un poderoso, es por un loco que cree que un libro le dicta órdenes.
¿Pero qué pasaría si en vez de meros individuos, fuera una nación entera la que entrara en rebelión? Lo mismo, pero a mayor escala, porque ya no hay límites para los poderosos. Prefieren causar un genocidio y gobernar a unos cuantos conformes, que gobernar a todo un pueblo disgustado.
Y eso, es culpa del poder que les hemos dado. El hecho de que los gobiernos ya puedan hacer frente a un pueblo entero es culpa nuestra. Por conformistas, por ciegos. Una prueba de que nuestra forma de escoger líderes no sirve. Es culpa nuestra, al perder el valor de la vida, y también es culpa del esquema conocido como Democracia.
-Ese póster de Lennon lo tengo.


Somos gotas de agua. Y la vida inmediata un océano inmenso, lleno de luz y sustancia. Con tiempos calmos, con mareas peligrosas. Algunos nos evaporamos en nuestro viaje, para luego volver, porque cambiamos, nos transformamos. La materia no se destruye, sólo se transforma. En cambio otros permanecemos para siempre, aunque no quede rastro de oxígeno en nosotros. Porque la vida no se trata del elemento físico, sino también del plano metafísico. Somos insignificantes unos de otros. Pero nada sería tan sorprendente, que desafiando la naturaleza, una gota de agua, una partícula diminuta, al igual que la mota de polvo, se rebelara ante el conjunto. Quisiera ser diferente, no ser agua, sino fuego, aire, tierra. Quisiera ser todo a la vez. Quisiera romper con la monotonía. Sería algo milagroso, sería algo que dejaría rastro, que marcaría el rumbo del mundo. Pero también sería ceguera el no reconocer, que incluso en esa monotonía, en ese orden aparente, hay cosas bellas. Sería una gota de agua ciega, que no podría darse cuenta de su entorno inmediato al ir tan lejos. Por eso el hombre debe dar sus pasos poco a poco, y buscar el equilibrio en vez de los extremos. Eso aplicaría en política, o en el eterno debate de la ciencia y la religión: aplicaría en todo lo humanamente conocido. Porque la vida no es solo alegría o tristeza, es una mezcla sublime de ambas que no se reduce a la percepción individual.
En Twelve Monkeys: El dolor de entonces es parte de la felicidad de ahora.
¿Será que el equilibrio simplemente se alcanza solo, y nuestros actos, ya sean benéficos o corrosivos, son, al fin y al cabo, paliados por la naturaleza?
Me gusta pensar que sí, porque el hombre ha olvidado lo que es el equilibrio.
----Foto: "ocean" de emrecan22, tomada de DeviantArt